¡Navidad purépecha!

Morelia/Acueducto

A través del portal www.Purepecha.mx, medio de comunicación comunitaria que impulsa la cultura de la etnia más grande del territorio michoacano, se ilustra cómo es la Navidad en sus numerosas comunidades:

Aunque el festejo de la Navidad en la comunidad indígena purépecha sufrió modificaciones a partir de la década de los 70, el sincretismo cultural todavía mantiene intactos conceptos propios de su expresión festiva, como la convivencia comunitaria en ceremonias y fiestas de larga duración y que originan una visión todavía no bien comprendida por el sector mestizo y turístico, por el alto grado simbólico en que la comunidad indígena michoacana materializa su propio organigrama social y costumbrista.

Para el actual director del Departamento de Vinculación e Integración Cultural en la Secretaría de Cultura, y perteneciente al sector purépecha, Marín Villanueva Gutiérrez, la integración de la fiesta navideña al calendario cívico indígena se remite al nacimiento de Jesús de Nazareth, aunque la forma de celebrar esa natividad guarda distancias abismales con respecto a la celebración mestiza.

“Nuestra Navidad consiste en el trabajo comunal, es en torno al Niño Dios y hay un carguero que hace los gastos de toda la comunidad; entonces, más que la Navidad en casa es compartir con un carguero una actividad que se vuelve comunal; él invita a los que serán los pastores, los que harán la Danza de los negros, y no existían las cenas (familiares) hasta antes de los 70, cuando se empezó a abrir el esquema y se hizo como en las ciudades y nosotros no estábamos esperanzados a ir a una cena en una casa, sino a la casa del carguero donde estaba toda la comunidad”.

A eso se une la tradición persistente en cada comunidad indígena para celebrar la Navidad según su propia costumbre, aunque la colocación de una estrella encendida en lo alto de un poste para señalar los lugares donde se organiza la fiesta es una tradición compartida por varias comunidades de la Meseta Purépecha, según información oficial de la Secretaría de Cultura.

Pero en el terreno de las variantes, sobresale la comunidad de Tarímbaro y su fiesta Takari, consistente en un recorrido hecho por danzantes rituales que recogen heno para la confección del lecho del Niño Dios, mientras que en Quinceo se desarrolla la Uarokua, fiesta colectiva que se concentra en cortar el cordón umbilical del mismo Niño, entre otros ejemplos.

En lo que corresponde a la reafirmación de los escalafones sociales según el grado de responsabilidad en la fiesta comunitaria, la fiesta navideña sirve a las comunidades purépechas para el nombramiento de activistas públicos, y que al ser nombrados adquieren una responsabilidad, pero también un respeto colectivo. Entre esos nombramientos destaca el de huanánchechas, o responsables de mantener las tradiciones y quienes dado el momento eligen o fungen como cargueros; las encendedoras, el grupo de mujeres que tiene bajo su responsabilidad el cuidado de las velas de las iglesias, y los danzantes, donde destacan los kúrpites en la zona de San Juan Nuevo, las huapanas en Ihuatzio, o los turicha, en Quiroga.

Un texto de Pedro Victoriano Cruz, director de la publicación electrónica Xiranhua.com, especializada en temas de la cultura purépecha, se refiere al carguero como la máxima figura social durante la fiesta: “portar el bastón de mando (exclusivo de los cargueros) es uno de los actos más privilegiados para los purépechas, pues al concluir cada uno de los cargos, la persona adquiere el título de Tata por los servicios otorgados a la sociedad comunitaria. Las personas que adquieren el cargo o el mando no reciben compensación alguna, por el contrario, hay que aportar los recursos económicos propios en algunas fechas para realizar festividades religiosas”, auque en la declaración de Marín Villanueva se destaca que la invitación del carguero a la comunidad, puerta por puerta, significa también una obligación del invitado para aportar algo de lo que se consumirá en la cena de toda la comunidad, aunque esa obligación no se menciona, pues forma parte del entendimiento tradicional.

Pero las fiestas anteriores a la de la natividad y que para la comunidad mestiza sería el equivalente a las posadas, significa para el sector purépecha una excusa perfecta para explotar su festividad innata, con celebraciones que pueden tener varios días de duración y que incluso dan inicio muchos antes que las fiestas religiosas de los mestizos, incluyendo a las pastorelas tradicionales que funcionan como una metáfora de la lucha entre el bien y el mal, aunque con vestimentas características de las regiones indígenas y con representaciones que pueden extenderse hasta por siete horas.

La visión de los visitantes entonces, afirma Villanueva Gutiérrez, cae en la incomprensión al ver las mismas danzas y escuchar la misma música que se practica en el resto del año “porque no entienden que la importancia está en la convivencia”, lo que limita la apreciación sobre la fiesta navideña purépecha simplemente hacia su producción artesanal y su gastronomía, sin entrar en el complejo mundo simbólico que funde los conceptos religiosos traídos de Europa, con las prácticas sociales que pervivieron a la conquista