El Betula, entre ostiones y percebes

Lázaro Cárdenas/Carlos Torres Oseguera

En bajamar, allá donde estaba el Betula, un barco que hace 25 años encalló entre Playa Azul y las Calabazas, justo frente al Habillal, solo queda visibles tres oxidadas placas, la más grande se levanta sobre la superficie un par de metros, más adelante el resto con menor altura; los fragmento están unidos a la quilla de 110 metros de la embarcación que durante un cuarto de siglo fue una curiosidad turística, hasta que una lluvia en junio de 2018 derrumbó sus últimos restos, y lo que queda, bajo resguardo del agua, se convirtió en un rico banco de peces, ostiones y percebes, que solo se pueden sustraer en los meses de invierno.
Alfonso Ramírez encargado del campamento tortuguero de El Habillal, comenta que los restos del Betula han propiciado un pletórico arrecife artificial de fauna marina, pero de alto riesgo, pues las afiliadas aristas que aún sobreviven a la oxidación y que resguardan el mar, hace muy peligroso el bucear en el lugar para sustraer su riqueza marina.
El bucear en los restos del Betula solo puede efectuarse cuando las olas rompen y pasan los restos del propio buque, y estas condiciones solo se dan entre los meses de noviembre, diciembre, enero y febrero, cuando el mar está “tendidito” y solo en determinadas horas del día, en marea baja.