“Yo solo quiero que todo acabe y poder dormir a gusto…”

foto: Julieta Coria

Nahuatzen/Julieta Coria

Doña Ana María, ha madrugado hoy, como todos los días, despertó antes que los primeros rayos de sol aparezcan, tomó un vaso de atole con pan que ella misma prepara y caminó con el maíz a cuestas para hacer el nixtamal, para después hacer una parada y acudir a la Consulta en el corazón de su pueblo Nahuatzen.

Desde hace más de 30 años que Ana María se dedica a hacer tortillas, pero también tamales, corundas, atoles, pan y todo lo que de niña su abuela le enseñó.
“Y, ahorita tengo mucho trabajo por la fiesta del Santo Luis, no debería andar en éstos trotes, pero que le hago, dicen que hay que participar”.

Es día de la Consulta Ciudadana y decidir la forma de gobierno, es un día importante y la ‘vendimia ‘como ella dice’, puede esperar, todos en el pueblo lo saben e incluso se arreglan para la ocasión, una mañana movida y ruidosa, llena de fiesta y tradición, “es raro que se hagan los mismos días de la fiesta, pero que le hacemos, ni modo que una no participe”.

Desconoce un poco los problemas que hay en la comunidad, todo lo que sabe es lo que su familia y vecinos cuentan, pero lo que si nota claramente es que la gente está dividida y eso no es algo en lo que esté de acuerdo…

“A mí la verdad no me gusta estar divididos, eso que unos quieren una cosa y otros otra, como que no se llega a nada, porque la verdad es que cuando uno tiene el poder cambia y piensa en uno nomás y eso es lo que yo veo que pasa aquí».

A Doña Ana la acompaña su nieta, Lupita, es menor de edad y aún no puede votar, pero la acompaña en todo momento «y al rato viene mi hija, pero nos turnamos ella se adelantó con el maíz y el nixtamal nomas en lo que estoy aquí, pero ahorita viene», dice emocionada.

En su rostro se nota una frescura inimaginable, no hay cansancio, no hay pesadez solo unas ganas inmensas de vivir, sus manos agrietadas traen consigo un bastón que la ayuda a sortear el camino día a día, su mandil cubre sus ropas viejas y gastadas, trae consigo un rebozo sobre sus hombros para protegerse del frio que desde muy temprano llega, con cada amanecer.

«Yo estoy a favor de los partidos políticos, ya lo he dicho, creo que lo que le falta a nuestro pueblo y dinero, acá con los partidos tienen más dinero y aunque luego dicen que se lo roban, pero con los otros es igual, ya no se sabe bien quien roba más”.

Llevaba tiempo meditando por qué forma de gobierno votar, antes ella creía que por usos y costumbres era la mejor forma, pero al ver que siempre había problemas, golpes y quemas decidió darle una oportunidad a los partidos.

«Pos son muchos problemas ya, se la pasan de pleito en pleito, y luego a cada rato se andan agarrando con los de gobierno, que por que esto que por que el otro y pues eso no está bien, yo ya me cansé de tanta pelea no me gusta ver a mi gente dividida por el poder»

Lo que desea es ver a la gente en armonía, en paz y sobre todo que Nahuatzen sea un pueblo sin violencia, un pueblo preocupado y ocupado por su gente, “donde todos pongamos nuestro granito de arena por vivir mejor, pero ahora la verdad es que ni nosotros mismos nos ponemos de acuerdo»

Doña Ana lleva toda su vida dedicándose al maíz, su esposo a la siembra y así han hecho de su familia un ejemplo para no rendirse, cuenta.

Más de dos horas ha esperado en fila junto a sus vecinas, ella vive en el barrio uno y espera que la consulta defina la situación porque de problemas no quiere más saber.

«Yo ya no quiero quemas, ni pleitos, tampoco que todos se anden robando el dinero, y que dejen de echarse la bolita entre los del Consejo comunal deberían darse la mano mejor, y dejar de hacerle daño al pueblo».

Mira con tristeza como las cosas no son claras, los del Consejo nos dicen que no aceptemos a los del gobierno y los del gobierno nos prometen cosas, “yo solo quiero que todo acabe y poder dormir a gusto, porque luego hasta el sueño se me espanta, porque ya una piensa que cosas malas pueden pasar”.

Ana, Anita, como le dicen de cariño lleva mucha prisa, no tuvo tiempo de dejar la cubeta con la que acarrear el maíz, después de votar tiene que caminar derechito a la plaza principal, pues como están en fiestas patronales la gente no puede esperar, «tienen hambre y hay tortillas por hacer».

A sus setenta y tantos años, Doña Ana se le nota sana, fuerte y con muchas ganas de hacer cosas buenas por su gente, por su parte hoy es salir y votar por lo que espera sea un buen cambio y pueda vivir tranquila. Así tras tomar la decisión importante desaparece del brazo de su nieta, con su bastón en mano y su cubeta para acarrear el maíz.

Hermosa de alma y carácter, la mujer da gracias a Dios por el don que le ha dado y mantiene, que, todas las comidas que hace, las realiza con mucho cariño y amor; “esa herencia tenemos que compartirla, porque es trabajo de Dios que nos está dando, y aquí estoy, para compartir”.