Crónica. El legado que se resiste a morir…

Foto: Samuel Ponce

Arantepacua/Julieta Coria

Fue una mañana fría y nublada, cuando en la comunidad de Arantepacua, del municipio de Nahuatzen, Michoacán se empezaba a preparar el sonido para el Festival de los Jóvenes Pireris, en un plaza donde la cultura ancestral y la autosuficiencia, es el pilar en los habitantes purépechas de la región.

La plaza principal luce desolada, el sol se esconde entre los inmensos nubarrones blancos en un cielo azul y transparente, a las once de la mañana, el pueblo en silencio, permanece en sus hogares, escasas son las mujeres que ataviadas en su vestimentas tradicionales en colores suaves y pasteles, caminan en las calles, como buscando con un destino preparado.

El pueblo purépecha, desconoce, en su mayoría, del evento lleno de tradición y cultura que habrá en unos minutos.

Mientras todo ocurre, le gente continua con sus actividades; las señoras preparan sus frutas para la venta, a lo lejos una carnicería es atendida por dos mujeres con enormes faldas y trenzas, dejan al descubierto la alegría de lo que hacen, cerca de la iglesia principal, dos mujeres de viejos rostros, resguardan la entrada principal mientras tejen bordados infinitos en largo manteles, que de sus manos indígenas crearan los colores para hacer creaciones, casi divinas.

Foto: Especial

Los hombres de la radio comunitaria, destacan por sus camisas verdes mientras siguen con los preparativos del sonido y a la espera de la llegada de los Pireris para comenzar “ya casi empieza, ya nomás que lleguen” dice el hombre encargado.

Frente a la plaza principal, las oficinas del Concejo Comunal, ahí donde se reúnen los integrantes y pasan a consulta los temas importantes de la comunidad que busca regirse bajo los usos y costumbres, luego del asesinato de cinco comuneros en el 2017, el pasado 5 de abril, cuando en un presunto enfrentamiento con policías que se dijeron ”emboscados”.

Foto: Julieta Coria

Un edificio de cantera, con murales en color naranja con representaciones sobre el hartazgo social y la demanda de justicia plasmadas en símbolos purépechas.

Los curiosos empezaban a llegar poco a poco, los niños son atraídos por la voz del microfóno en que lengua purépecha, anunciaba una invitación a un concurso de dibujo para los pequeños niños, ellos aparecen y se acercan, frente al Consejo Comunal, invitados por dos mujeres de buen trato, con colores y cartulinas blancas para divertir y amenizar la mañana.

Habían llegado los jóvenes y junto a ellos, una intensa oleada de calor, ellos bajan con sus ropas ancestrales y sus instrumentos en mano, un autobús completo llegaba justo al centro de la comunidad, para empezar la fiesta musical.

Pero la plaza seguía sola, en el centro, solo los reflejos del sol iluminan, pocos cursos en la mañana, de un pueblo situado justo en el centro de la meseta purépecha, con imágenes que cualquiera puede guardar en la memoria, donde los paisajes verdes entre montañas y una ligera neblina, se podría atesorar eternamente.

Ya todo instalado, un mujer toma el micrófono, y empieza el vaivén de palabras con ritmo en lengua natal purépecha, hacían eco por todo el lugar, ellos los habitantes de la lengua lo entienden perfectamente cada palabra, una y otra vez, para invitar a todos a escuchar el deleite musical.

Y, así comienza, la música; un grupo de cinco hombres, todos con guitarras, comenzaron a tocar sus instrumentos, mientras dos, (los más jovencitos) cantaban las pirekuas con voces graves y agudas, que representa alegría, nostalgia, pero también el canto al amor, a las flores, a la familia y a la historia.

Entre los jóvenes, que hoy llevan sus cantos indígenas a regiones michoacanas para fomentar su lengua, sus tradiciones, refrendar su diversidad cultural, pero sobre todo que sus voces sean un referente de la cultura que les permita alejarse del rezago social, en que viven.
Por al menos una hora el festival musical sonó para el deleite de los que cerca de la plaza principal, acudieron a apoyar el talento indígena, a los jóvenes que intentan preservar la lengua, la música, sus tradiciones y poco a poco salir a la luz y que todos se enteren que en la hermosa región de la meseta purépecha, la voces no dejarán de cantar, hasta ser escuchadas…