“Es de los muertos que no pueden morir…”

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Morelia/Samuel Ponce Morales

Entre las veredas del panteón municipal, desde familiares, hasta jóvenes, adolescentes y pequeños -entre ellos moradores de la casa de estudiantes que lleva su nombre, hicieron un silencioso homenaje póstumo a uno de los íconos de la lucha por los derechos indígenas en territorio michoacano, Efrén Capiz Villegas.

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El poeta alemán Bertolt Brecht escribió: “Hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay otros que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero los hay que luchan toda la vida: esos son los imprescindibles”.

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Y, Efrén Capiz fue uno de ellos, señala el portal Capicina, uno de los escasos que fueron más allá de la nota informativa a raíz de su muerte suscitada un 3 de mayo del 2005, describiendo más que breve, más que sustancial:

“Su vida estuvo llena de persecuciones, cárcel, golpes, amenazas. Amaba entrañablemente a su tierra Nahuatzen, comunidad de la meseta purépecha…”.

“Democrático en todas las facetas de su preciosa vida, como estudiante fue ejemplar; como abogado, honesto, sin mancha alguna; pobre, como la mayoría de los luchadores sociales.

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“Como esposo, amoroso y leal a su Evita; como compañero, el más solidario de todos, predicó con el ejemplo; el más trabajador; incansable dirigente; gran lector; un hombre de gran seriedad…”.

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“Sufrió dos pérdidas terribles, dos de sus hijos murieron, el primero, como consecuencia de una venganza en su contra por no dejar la defensa de las comunidades, el segundo de una grave enfermedad; supo sobreponerse ante el dolor, sin embargo, eso lo acompañó toda la vida…”.

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