Morelia/ Redacción
Desde temprana hora, la militancia priísta empezó a llegar a la sede del Comité Directivo Estatal donde se transmitiría vía satélite el acto de arranque de campaña de José Antonio Meade, abanderado del PRI a la presidencia de la República.
La familia priista estaba reunida, con escaso entusiasmo y sin propaganda electoral de los candidatos que se encontraban ahí para respaldar a Pepe Meade y de paso marcar el inicio de sus actividades proselitistas en busca al senado y diputaciones federales…
Atrás quedaron aquellos mítines partidistas en los que la banda de viento alegraba la fiesta política… las jornadas de colgar pendones y de los acarreos para llenar salones…
Entre una concurrencia de aproximadamente mil personas, el discurso del dirigente estatal del PRI, Víctor Manuel Silva Tejeda, empezó, mientras las sillas del delegado nacional Ney González y de los candidatos a senadores Antonio Ixtláhuac Orihuela y Xóchitl Ruiz González aún estaban vacías…

Con la voz entrecortada consecuencia de los cambios bruscos de temperatura ambiental –que no política-, el dirigente priísta a mitad de su discurso, echo un vistazo cuando la militancia dejo de prestarle atención para voltear a ver a los candidatos que arribaron juntos y detrás de ellos, el delegado nacional…
Pero prosiguió sin parar… y al bajar del templete saludo a todos muy cordial, desde la candidata a la alcaldía de Morelia, Daniela de los Santos, hasta al maestro Salvador Galván Infante, ex líder del PRI.
Previo al ensayo de gritos y porras en favor de Meade que serían grabadas y retransmitidas a la sede del arranque de campaña presidencial, los candidatos del PRI al senado de la República concedieron entrevistas; mientras algunos otros actores conversaban sobre la necesidad de ponerse de acuerdo para integrar y ‘planchar’ las planillas.
Tras el discurso de Pepe Meade, -en el que apenas y se escucharon unos cuantos gritos que al unísono repetían ¡Vamos a ganar!… ¡Vamos a ganar!… ¡Vamos a ganar!… el encuentro priísta terminó y el auténtico escenario de las cosas se evidencio…
¡Toño!… ¡Xóchitl!… ¡Toño!… ¡Xóchitl!… se escuchaba al mismo tiempo, entre los equipos de los candidatos la competencia por ver quien gritaba más fuerte y opacar al otro se hizo evidente y salieron las matracas y los panderos cenopistas que acompañaban las expresiones de apoyo…
Pero la sensatez gritó: ¡Senadores!… ¡Senadores!… ¡Senadores!… ¡Senadores!… y al unísono, comenzó aquella expresión que echaba gritos de apoyo a uno, y luego a otro.





