Morelia/Enrique Castro/ Acueducto On line
Por la plaza de Armas de Morelia, Mercedes Ruiz camina lento, con ropa de su trabajo y uno tenis converse de color rosa. Ella tiene “más de 50 años” es Licenciada en psicología educativa y maestra en dificultades del aprendizaje, es maestra en una escuela privada, tiene 3 hijos. Uno de ellos, desaparecido.
Se busca una banca que no le pegue el sol para comenzar una charla sobre su labor; ella es fundadora de la organización Familiares caminando por Justicia, la cual se dedica a registrar y buscar a personas detenidas desaparecidas en el Michoacán. Ella busca a su hijo Guillermo Alejandro Ortiz, desaparecido en el año 2010.
Ya sentada, termina de fumar su cigarro y platica sobre la situación que ahora vive: “Cuando mi hijo desaparece, el proyecto de vida cambia mucho, él es abogado, tiene reconocimiento a nivel nacional como orador, teníamos proyectos de vida, la vid cambia mucho, porque en este sentido, los proyectos que había ya no se han podido llevar a cabo; mi vida profesional ha cambiado, tuve que dejar mi trabajo y solo hacerlo por unas horas; la búsqueda es algo que nos absorbe todo el tiempo, si los familiares no buscamos, las autoridades no lo harán”.

Mercedes hace un pequeño recuento sobre aquel no tan lejano día, 29 de noviembre del 2010, cuando ya no tuvo reporte con su hijo. El, Guillermo se dirigía a la costa de Michoacán donde trabaja con pequeños propietarios en un asunto minero. Ese día, el se trasladó en un vehículo unto a Vianey, su asistente, para realizar el trabajo, y tras unas llamadas con su madre y cambios de vehículos debido a fallas mecánicas, aquel domingo de aquel año “fue el último día que yo tuve comunicación con él”.
Después de llamadas y pequeñas investigaciones “en corto” y un desplazamiento en vano hasta el lugar: “Empieza una vida totalmente diferente, yo acudo a poner la denuncia el día 1 de diciembre, y empieza algo diferente; inicialmente se tiene la confianza en las autoridades de que van a realizar la búsqueda que les corresponde y uno se da cuenta que no se hacen nada; si uno quiere encontrar al familiar tienes que hacer las averiguaciones por ti mismo. Empieza un shock, hay que tener fortaleza muy grande, si yo no busco a mi hijo, nadie más lo va a buscar”
El carácter de Mercedes es tranquilo, incluso sonriente y con bromas de repente, durante la plática sus ojos se vuelven vidriosos y la vox un poco cortada, aunque eso no le ocasiona parar. Ya ha salido de trabajar y su única prisa es ir a su casa a preparar un pequeño discurso que dará mañana, 8 de marzo, dentro del Día internacional de la mujer trabajadora, en una manifestación en la misma plaza donde ahora charla.

Se le pregunta que, si tiene miedo, referente a la labor de búsqueda de su hijo: “¡claro que tengo miedo!, pero hay algo que nosotras decimos: ‘si el miedo me tumba la dignidad me levanta’. Cuando me siento cansada pienso en mi hijo y me vuelvo a levantar, es una lucha diaria, es difícil, es una tortura diaria la incertidumbre que uno vive por el familiar desaparecido; hay que gente que nos critica, dicen que ya lo dejemos por la paz, pero yo digo que mi hijo merece que yo lo busque… mi hijo merece que yo lo encuentre y merece verdad y justicia. Hasta encontrarlo”. En su semblante se notó el cambio del sentimiento con que inició su respuesta: de una apertura ocular por sentir miedo, hasta el coraje por encontrar a su hijo.
Es tiempo de terminar la charla, y su último mensaje lo encamina a las mujeres, madres y familiares de desaparecidos: “, respeto las decisiones familiares, pero independiente de ser madre soy una persona que busca a una persona desaparecida; que nos unamos, yo pienso que la organización es algo con lo que podemos lograr algo, solo podemos lograr unidas y organizadas”
Por último, se le cuestiona si es incansable: “Yo quisiera considerarme inalcanzable”.





