El Taller de las manos mágicas

Foto: Enrique Castro

Santa Fe de la Laguna, Quiroga/Enrique Castro

abre la puerta e invita a pasar a su taller artesanal, ella trabaja el barro y vive en una calle paralela a la carretera; en Santa Fe de la laguna, justo a un costado del Lago de Pátzcuaro, en pleno corazón de la zona purépecha en Michoacán.

Ella sonríe y se disculpa por “el tiradero”, sin embargo, parte de la casa muestra el resultado de la cosecha de su esposo, ya que hay por todas partes maíz en el proceso de secado, en el jardín cuelgan las mazorcas y lo que para la anfitriona es tiradero para los visitantes es algo interesante.

Foto: Enrique Castro

El taller luce como tal, y las piezas de barros están por doquier, muchas todavía sin terminar, signo de que ahí se trabaja diariamente.

Ella, Herlinda, se coloca su mandil y toma poco barro para comenzar a trabajar, se sienta en su lugar y platica que no puede estar trabajando y respondiendo preguntas, le sigue una sonrisa al comentario. De todos modos, comienza a hablar:
“Yo ya tengo 49 años, empecé de niña a los 8 años con mi mamá, yo soy alfarera desde los 8 años, empecé a trabajando lo que hacia ella (su mamá); trabajaba candeleros, cupaleros y yo empecé ahí a hacer cosas minutaras con moldes”.

Prosigue el relato y ya dejó de trabajar; voltea a ver a quien la escucha y sus ojos viran hacia el frente, recordando lo que va a decir: “a los 12 años yo empecé a diseñar mis propias piezas, no tuve más estudio más que la primaria, yo quería estudiar, pero mis papas no me dejaron por ser mujer, somos 4 hermanos, pero ninguno quiso estudiar, me quedé con las ganas, mi sueño era estudiar y trabajar el barro, quería ser maestra”.

Foto: Enrique Castro

En el taller entra un viento ligero que no demuestra que aún es invierno, Santa Fe es una zona muy fría debía al lago, de todos modos.

El sol comienza a pegar y calentar la casa mientras la artesana prosigue con su relato: “En una premiación me encontró una mujer y me felicito, me dijo que me invitaba en la tarde a una reunión de mujeres, `estamos haciendo un grupo, y sé que te va a interesar´ me dijo, y fue mi primera reunión, traían el proyecto de salud y medio ambiente; en ese entonces no teníamos nada de cuidado, usábamos la greta, ahí me di cuenta de que el plomo no estaba haciendo daño a la salud, al usarlo en la mezcla”.

El plomo es usado en el proceso de elaboración de piezas artesanales de barro; este componente está en la mezcla que se usa para abrillantar y según los estudios que han desarrollado universidades o incluso instituciones públicas de salud, causa un fuerte daño tanto en los artesanos que lo trabajan como en las personas que utilizan las piezas de barro en su vida diaria.

Foto: Enrique Castro

Por eso, cuando Herlinda comenzó a hablar con sus padres sobre esto, ellos no le creían y seguían trabajando de esa forma: ““Platiqué con mis papás y a ellos no les parecía, poco a poco me los gané, no me entendían y decían que yo estaba loca”.

Luego, regresa al tema del grupo de mujeres del que aun forma parte, y comenta como le ayudó en su vida estar ahí, convivir y compartir conocimientos: “Eso me ayudó muchísimo a superarme y ser lo que soy ahorita, aprendí a valorar más el trabajo, perder el miedo de convivir con gente de fuera de la comunidad, yo era como un animal salvaje, no queríamos fotos o encontrarnos con la gente de fuera. Poco a poco fui cambiando”.

Pero, no todo fue “miel sobre hojuelas”, describe lo difícil que era estar ahí e intentar cambiar de actitud y pensamiento a gran parte de la comunidad: “De principio fue muy difícil, luchar con la familia después con los vecinos y tercero con la comunidad, era mal visto, era critico que yo saliera de esta casa, Pensaban que era malo lo que yo estaba aprendiendo”.

Foto: Enrique Castro

La lucha de Herlinda es larga y grande; ha sobresalido como mujer, ha dejado de utilizar plomo en sus artesanías, da clases y talleres sobre el uso de esmalte para que no sean toxicas las piezas. A sus 49 años, se siente feliz y plena, su hija se llama Ieskani y la acompaña por todos lados, incluso ahora también en la alfarería.

Las piezas de Herlinda son famosas y codiciadas en el mercado de Estados Unidos, hace trabajos sobre pedido y se las llevan al vecino país del norte o incluso a Europa.

Foto: Enrique Castro

Ella, responde ante la pregunta de cuál es la clave o la “receta secreta” para la elaboración de sus piezas, y sin dudar tantito responde:

“Amor, hacerlo con ese amor y ganas de formar una pieza; la mera verdad cuando empiezo a hacerlo, lo hago con mucho cariño, con ese gusto de trabajar; cuando empiezo a formar una pieza empiezo a escribir, una pieza es como una persona:

el barro lo preparo, pero lo tengo que tapar cuando hace frio, cuando hace aire igual, tengo que tratarla como un pequeño que va creciendo, como un hijo” termina la frase y la descripción ahí sentada en su taller, sonriendo, mostrando lo feliz que le hace su trabajo. Para ella, algunos de sus sueños ya están cumplidos, Es maestra porque enseña a niños y personas de la comunidad y así le llaman, y trabaja en el barro y la alfarería como tanto le gustaba desde pequeña.

Termina la plática y se apura a cambiarse de ropa y poner un chaleco, ya que tiene un asunto pendiente que atender en el pueblo. Despide a los visitantes y desde la puerta dice adiós junto a su hija y su pequeño perro que se rasca en la calle mientras tomaba el sol.