¡Bajo las mismas llamas!

Foto: Enrique Castro

Zacapu/Héctor Tapia

De pronto todo quedó a oscuras en la comunidad de Naranja de Tapia. Sólo el reflejo de la luz de la luna delineó las siluetas de los guardianes del fuego. A media noche comenzó el ritual para dar la bienvenida al año nuevo purépecha.

Desde la yácata improvisada al centro de la plaza de la comunidad, en medio del silencio y la mirada expectante de los asistentes, los guardianes comenzaron a evocar a las deidades y también de los antiguos reyes purépechas.

Foto: Enrique Castro

Alrededor del templete donde se instaló el centro ceremonial los pobladores de poco más de 30 comunidades de las cuatro regiones donde habitan (lacustre, meseta, lago y cañada), así como los visitantes, se congregaron, todos mirando hacia el centro, en silencio observando a detalle el desarrollo del ritual.
Uno de los guardianes, levantando las manos al cielo, sigue dirigiendo sus palabras a los dioses primeros de su cultura, mientras en cuclillas otros de sus compañeros intentan, con piedras, encender el fuego del año nuevo.

Foto: Enrique Castro

-¡Uchari Uinapikua! (nuestra fuerza)- grita empuñando su brazo izquierdo al aire. En este momento toda la población se une en un mismo grito, como si fuera de guerra. El llamado se repite varias veces, misma cantidad que es replicada por los asistentes, y sus voces retumban en la oscuridad y el silencio que se hizo a propósito del acto que, remarcan, debe darse con sumo respeto, para lo que pidieron desde el principio que esta escena no sea ni fotografiada ni video grabada.

Foto: Enrique Castro

La advertencia es clara. Tanto que, al menor intento de alguien de sacar su cámara para conseguir una gráfica del momento, comienzan los reproches y reclamos de los que tiene cerca.
Por fin se consigue encender el fuego. Poco a poco la flama comienza a crecer. Su luz rojiza dibuja las siluetas de los guardias que la alimentan con pequeñas varitas de ocote.
Ha pasado cerca de 40 minutos desde que comenzó el ritual que para la comunidad tiene un profundo significado espiritual, que los une con sus raíces.

De la creciente columna de fuego sale una gran columna de humo que empieza a aromatizar el frío ambiente de la comunidad. Consejeros y cargueros comienzan a repartir pequeñas varitas de ocote que son encendidas para propagar entre la comunidad el fuego nuevo.
Primero reparten el fuego y su luz a los integrantes del consejo. Pequeñas flamitas que van pasando de mano en mano hasta que se multiplican e iluminan la plaza de la comunidad de Naranja de Tapia, en el municipio de Zacapu, que fungió como sede para dar inicio a este nuevo año.

Foto: Enrique Castro

De nuevo el grito que reafirma su identidad y su unión. ¡Uchari Uinapikua!. Igual se repite multiplicada por las voces de los pobladores de las comunidades purépechas del estado.
Todos son un mismo fuego, pero repartido, un mismo corazón que cantan su agradecimiento tanto al mismo fuego como a la vida.
Llega el momento de conocer la comunidad que será sede del festejo del año nuevo purépecha del 2019. Hubo cinco comunidades que presentaron la solicitud y sus respetos, para ser contemplados: Capacuaro, Erongaricuaro, Cuanajo, Camanja y los Barrios de Zacapu.

Foto: Enrique Castro

Luego de enunciarlos, remarca uno de los guardianes del fuego, el Concejo decidió, tras una deliberación que duró alrededor de 4 horas, que la siguiente comunidad sede será Cuanajo.
Al nombrar el lugar que resultó electo estallan gritos de júbilo en una de las partes de la plaza, corean el nombre de la comunidad, se abrazan y brincan. Es evidente el festejo y la alegría de ser la sede del próximo encuentro de las comunidades purépechas del estado.
Es casi la una de la madrugada y una vez concluido el ritual, mientras unos se quedan jugando Uaruhkua (fuego de pelota purépecha), otros –la gran mayoría- poco a poco comienzan a dispersarse, a despedirse, los que asistieron.

 

Tarde de fiesta
Por la tarde esta plaza había albergado la música de varias bandas de viento, con la que bailaban distintas comunidades, en una fiesta llena de alegría donde participaron desde los más viejos hasta los niños que vestían también sus trajes tradicionales.

Desde la entrada a la comunidad, a lo largo de la carretera, que pasa por el corazón de Naranjan Ireta (Lugar de Naranjas, o Naranja de Tapia), se instalaron puestos desde artesanías hasta alimentos.

Las diferentes comunidades conforme iban llegando, cada uno con su música, fueron rodeando la yácata que se instaló de manera simbólica. Bailaron alrededor de ella y dejaron su espacio a otra comunidad para que hiciera lo propio, escena que se repitió mientras se fueron acomodando los maderos que más tarde serían encendidos.

De fondo suena la tradicional pieza de “Cara de Pingo”, y al ritmo de la música las mujeres purépechas, con sus largos vestidos bailan y giran. Hacen ondear los intensos colores de sus telas en medio de la fiesta.