Los Reyes, ¡ya están en Morelia!

IMAGEN: ENRIQUE CASTRO

Morelia/ Enrique Castro
Llegaron a Morelia, Los tres reyes magos provenientes de oriente; cuando llegaron al jardín Morelos, las autoridades municipales les prestaron tres caballos para que pudieran desplazarse hasta el centro de la ciudad donde ya los esperaban cientos de niños para pedirles regalos o darles sus cartitas.

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Y así fue, partieron por el acueducto donde músicos delante de ellos amenizaban la caravana con una batucada, tocando los tambores a ritmos bailables, tanto que un joven los acompañó bailando todo el camino. Después de ellos venia Melchor, Gaspar y Baltazar saludando a los que en las banquetas les extendían la mano y les gritaban su nombre: “Yo me porté bien” gritaba un niño mientras Melchor le agitaba la mano. Detrás de ellos una carroza regalaba dulces a todos los que quisieran, y los danzantes de zancos prendían la retaguardia.

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Al llegar a las tarascas, otros tres reyes magos los esperaban para ponerse al frente, eran unas mojigangas gigantes que representaban a los magos invitados. Bailan poco a poco y junto a la gente que asistía a ver el espectáculo se llenaban con la dorada luz del atardecer.
Toda la avenida madero lucía llega de gente y de color con los globos que los niños usan para mandar sus cartas al cielo; gente corriendo y pequeños rostros a la expectativa: “ya vienen” gritaba una niña.

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Conforme se acercaban al primer cuadro, crecía la gente que esperaba, gritando y saludando. Al pasar la caravana los niños aventaban los globos con sus deseos. Llenando el cielo de puntitos negros.

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Ya afuera de la catedral, a los enviados de oriente los recibieron autoridades de la iglesia y municipales; Alfonso Martínez, presidente municipal de Morelia le extendió la mano junto a su familia; después, a Baltazar le prestaron un micrófono y gracias a una traducción—el no habla español—se pudo saber lo que le pedían a los Morelianos. Ellos pidieron autorización a los papás para poder ir hoy por la noche a dejar regalos a los niños que se portaron bien. Después de esto, cientos de globos llenaron el cielo, los niños se emocionaron ante tal petición y gritaron.

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Al final, los cansados reyes se fueron a descansar para trabajar toda la noche entregando juguetes, pero los asistentes se deleitaron con una rosca gigante que se encontraba en la avenida, frente a la plaza de armas. Ahí hicieron largas filas por un pedazo de rosca, y si salía el tradicional mono, el ayuntamiento de Morelia lo cambiaba por un regalo sorpresa.
Poco a poco los impacientes niños se llevaron a sus padres a sus casas para poder colocar la carta en el zapato y dejársela a los que antes había cabalgado por la Madero, eso sí, nadie decía que se había portado mal durante el año, para asegurar el juguete.

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