«¡No señores, así no se puede…!»

Foto: Enrique Castro

Julieta Coria/Morelia

-¡No mames… esta hasta la madre!-, diría alguien al ver pasar a tan sólo unos metros a los seguidores de Monarcas cruzando los pasillos del estadio Morelos, pero no, lo que suenan son las indicaciones de una joven que le pide a sus dos amigas que se muevan un poco a la izquierda, luego un tanto a la derecha, -espérense tantito-, dice, esperando que los aficionados continúen su camino y no estorben en la foto para que sólo salgan ellas en la ‘selfie’ de espaldas a la cancha.

Los vasos de cervezas, en gran tamaño que van de la oscura y la güera, van rompiendo espacio entre las butacas con todo y las banderas rojiamarillas que adornan, en la noche de la semifinal, de la liga MX entre Monarcas Morelia y los Rayados de Monterrey.

Suenan las trompetas, la porra no deja de cantar, el flasheo de las cámaras, a todo vapor. Las fanáticas, todas con playeras del monarcas, se acercan a ver qué tal salió y sonríen satisfechas porque algún aficionado no les estropeó la imagen. ¿Llorar o reír?.

Salen los jugadores y el estadio enloquece, casi un lleno total debajo de los reflectores, que hoy iluminaran a las estrellas deportivas, a los monarcas, la monarquía, que tanta afición que hoy merece.

No hay espacio, a mi lado izquierdo un joven de alrededor de veinte años que no para de enviar Whatsapps y que no despega la cara del celular, a pesar de que se escuchan las falsas alarmas de que de nuevo se cayó el ‘whats’ no deja de fumar, bien atento a todo menos a la cancha,un par de señores por mi lado derecho llegan y se sientan despertando la admiración colectiva, con sus fuertes voces roncas. Un señor de algunos cincuenta años trae unos lentes ‘como fondo de botella’ no deja de maldecir ni un solo instante, «irálos, irálos pendejos , no dan una» y cada diez o quince segundos, voltea de reojo sutilmente al celular.

Ya en la cancha juegan las estrellas de la noche, la monarquía, la gente los admira y los observa a detalle, volteo la mirada de vez en vez al joven y el señor que continúan en lo suyo, uno mandando mensajes, el otro maldiciendo.

Pero los demás están en lo suyo, la emoción, la euforia, las ganas de gritar y regañar a los jugadores de cerca, era el común entre la gente que en sus ojos y en sus rostros, esperan una victoria de ‘su equipo’. Pero las miradas caen y la frustración crece cuando cae el gol del visitante, el equipo de Monterrey cobra un penal y avanza….’no mames, no era penal…»

Al medio tiempo, los ánimos cayeron, la preocupación se nota en cada rostro , de los que la pasión desborda su sentir. «Está cabrón que repunten…» alguien dijo.

Para el segundo tiempo, el nerviosismo era evidente, los jugadores de monarcas no concretaban ninguna jugada, no podían terminar ninguna jugada clara, el enojo estaba en el aire, la preocupación, la impotencia de no poder hacer mas que esperar el siguiente resultado.

«¡No señores así no se puede, carajo!» maldice el hombre por última vez.

«Aun faltan 90 minutos» dice la voz que se escuchaba por todo el estadio, ánimo: «¡Morelia, Morelia!» «¡Morelia, Morelia!»: corearon los que aún tienen la esperanza de ver pasar a al equipo de sus amores, para luego de aparecer…