Morelia/Vianey J. Cervantes
La explanada de la Universidad Tecnológica de Morelia (UTM) se encontraba rebosante de alumnos universitarios, unos con café en mano otros con un cigarro para mitigar el frío del viento que levantaba los manteles de las mesas que se habían colocado en algunos jardines, mientras esperaban la inauguración de las unidades académicas y laboratorios que se construyeron durante un año completo en el campus.
A la llegada del Gobernador, Silvano Aureoles Conejo, los chicos se hicieron a los lados para abrirle paso, a quienes había dado la mano sonreían y se reunían con sus amigos, “¿cuánto me das si lo saludo?”, decía una chica a otra, al ver pasar al mandatario con su traje negro y su camisa color lila, sonriente y jovial como es él.
Tomó su sitio al frente, en medio de los invitados del presídium, entre los cuales resaltaba el secretario de Educación, Alberto Frutis y la titular del Instituto de la Juventud Michoacana (Ijum), Giuliana Bugarini Torres; el secretario de comunicación y obras públicas, José Juan López y el rector de la UTM, José Hernández Arreola.
El bullicio de los alumnos se detuvo, mostrando respeto hacia el rector de la Institución, quien pasó al frente y agradeció el apoyo del gobernador del estado a la escuela, donde las mejoras se reflejaban en los resultados, como el incremento de casi el doble en la matrícula escolar; el aroma a carne asada que provenía de los alumnos de Gastronomía, quienes cocinaban en los jardines aledaños como parte de las actividades del día, comenzó a acercarse a la zona del evento.
Cuando la arquitecta María Guadalupe Díaz Chagoya mencionó las carreras beneficiadas por la obra, los alumnos gritaban y echaban porras, la más fuerte de Gastronomía. Cuando el alumno Mauricio acudió a dar los agradecimientos al gobernador, lo hizo de una forma tan breve y concreta, que el mismo Aureoles Conejo le agradeció al tomar la voz, “Yo creo que sabías que tenía problemas de tiempo. Gracias, mano”, la comunidad estudiantil rió y el estudiante en cuestión se ruborizó mientras dibujaba en su rostro una sonrisa amplia.
Agradable como suele ser, narró cómo se decidió a hacer esta inauguración, aún con los problemas de agenda, “estábamos platicando con el rector y vimos que era importante entregar las instalaciones, se hacen para usarlas y son necesarias para los jóvenes han estado improvisando los lugares a estar”, afirmó, recargando el codo en el pódium transparente.
Hizo un recuento de los avances que ha tenido la escuela y todo el apoyo que se le ha dado, en coordinación con el Gobierno Federal, y afirmó con ternura que “amor con amor se paga”, pues la Universidad ha estado funcionando muy bien e incluso ha crecido a un gran ritmo en los últimos dos años, los mismos del gobierno silvanista.
Con su tono despreocupado y su voz ligeramente ronca, el gobernador afirmó que era necesario entregar las instalaciones concluidas y arrancar la obra de la cafetería, otro espacio importante para la comunidad, “bien planeado, bien diseñado” y donde se iban a poder atender “en un solo jalón más de 200 personas, comensales o bebensales”, ante esto, los alumnos rieron y silenciaron a Aureoles, quien se les unió con una discreta sonrisa y agregó, “su jugo o su agua, aquí afortunadamente no está permitido vender bebidas alcohólicas”, un lastimero “ahhhhhhhh” se escuchó por parte de todos los alumnos, seguido de unas risas, “aunque a veces se necesita, ¿verdad? Pero bueno, ya me distraje con el tema”, sonrió Silvano, y los alumnos continuaron riendo, alguien a mis espaldas dijo “pues sí, a todos nos gusta la cerveza, hasta al gober”.
El susodicho se quedó en silencio un momento, inclinando la cabeza en un gesto de recuerdo, como mirando su sombra reflejada en el suelo, y moviendo su dedo índice, recordó sus días como estudiante, (¡Saquen las aguas locas!, gritó un alumno), donde, desde luego, estaba prohibido consumir bebidas alcohólicas, “pero afuera se desarrolló todo un corredor …Bueno, ¿para qué doy ideas? – los alumnos rieron, todos identificados con la charla de Aureoles- un corredor de venta de bebidas, que se llamaba “El Gallo”, se llama todavía; ahí pegado a la Universidad Autónoma de Chapingo, y pues eran un brincadero de la cerca porque luego también se necesita de repente… eh, relajarse un poco”.
Aureoles abandonó el tema del consumo de bebidas embriagantes en la etapa universitaria y retomó el hilo de la inauguración de los espacios dignos para un correcto desarrollo educativo en el país, se colocó de frente al pódium y fue expresivo con el movimiento de sus brazos, pidió al rector organizar una reunión con algunos alumnos para compartir su experiencia de vida, “luego a los jóvenes les caen mal los gobernantes, les recuerdan el diez de mayo, pero no saben lo que hay detrás. Yo vengo de una situación muy precaria, de pobreza extrema… y sí se puede, chicos”.
Cerró su participación anunciando su regreso a la Universidad antes del 31 de diciembre para inaugurar la cafetería, y les dio un mensaje rápido y conciso a los chicos: “Hay que echarle ganas, vale la pena, no hay otro camino que no sea la educación de calidad, son retos y son muchos, pero vale la pena”, dio un recorrido por los nuevos edificios mientras de las bocinas se escuchaba “Juan Colorado”, cortó el listón blanco y develó la placa conmemorativa de las obras antes de partir a su siguiente compromiso en una imponente camioneta blanca que salió del estacionamiento a toda velocidad y se perdió entre el tráfico y los fuertes rayos del sol que iban brindando algo de calor entre el viento helado de la zona.





