Crónica. «Como si hubiese sido ayer»

Foto: Enrique Castro

Morelia/Vianey J. Cervantes

Morelia tenía su clima otoñal, las hojas de los árboles se batían con suavidad al ritmo del viento, mientras un leve chipichipi llenaba de pequeñas gotas los rosales, la cantera y el cabello de los que caminaban por estas calles.

La ciudad llevaba su ritmo normal, una marcha, algo de caos vial y los pasos apurados de los morelianos. En el centro histórico, al interior del Colegio Primitivo de San Nicolás de Hidalgo, coloquialmente conocido como la “prepa 1”, se reunieron funcionarios, medios de comunicación, directores y ex rectores nicolaitas, un centenar de alumnado de preparatoria y dos figuras estelares que, en este día de lluviosa calma, recibirían uno de los honores más grandes que ésta, la Universidad Michoacana, puede otorgar: el Honoris Causa.

Con ceremonioso andar, fueron presentados por el rector, Medardo Serna González, primero el ingeniero eléctrico Enrique Acha Daza, después el abogado Diego Valadéz Ríos, cuyas fotografías se mostraban altas entre los arcos del edificio. Ambas figuras, el primero con un moño negro al cuello y el segundo con una corbata color azul, tomaron sus asientos bajo un panel que rezaba sus nombres.

En silencio escucharon las presentaciones que de ellos se hacía por parte de directores y profesores, resaltando una trayectoria brillante y ambiciosa que había sembrado una semilla de cambio en sitios más allá de las tierras mexicanas.

“Este premio se entrega no a la persona de éxito económico; acoge al investigador dedicado que ha contribuido a los ámbitos de ingeniería por más de 35 años”, en referencia al egresado nicolaita, el ingeniero Enrique Acha Daza, quien recibió el Honoris Causa con una sonrisa discreta, y entregó al alumnado ahí presente un discurso con voz suave y un ligero acento foráneo, el ritmo veloz de su discurso era giratorio, como si las palabras se curvasen al final y rememoraban a un francés hablando español.

 Fue breve, en sí, al recordar la trayectoria de su vida, desde que salió de las aulas nicolaitas, donde descubrió que “con esmero y trabajo podemos hacer un camino y dejar huella en el mundo (…) Las paredes respiran historias y siente uno estar bajo la mirada vigilante de todos aquellos gigantes que han cambiado la historia de México y han pasado por sus aulas”, su paso por al menos seis países, y hasta la Universidad en donde hoy es catedrático en Finlandia, rememoró también a los jóvenes de quienes ha sido guía en otros países:

“Recuerdo claramente, como si hubiese sido ayer, la llegada a la Universidad de Glasgow (Reino Unido) del primer joven michoacano quien iniciaba sus estudios doctorales bajo mi supervisión…”.

Acha Daza cerró su discurso con dos gestos finales, antes de recibir de manos del rector el grado, entregó él un conjunto de sus obras más importantes a su Alma Máter, y regaló tiernas palabras a su compañera de viaje, su esposa Mónica: “muchas veces al lado, algunas atrás, otras más adelante; a veces cerca, a veces al otro lado del mundo, pero siempre conmigo”.

Para entregar el segundo grado de Honoris Causa, estuvo a cargo del director de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, Héctor Chávez Gutiérrez, quien enalteció de forma efusiva y no tan breve la trayectoria del “Excelentísimo abogado, jurista, ex procurador, ex embajador, académico mexicano”, Diego Valadéz Ríos.

“La política y la historia no son lineales ni cíclicas, la historia nunca se repite, hay avances y retrocesos que se intercalan en diferente proporción (…) En el quehacer humano hay una sola constante: el saber», aquí citó Chávez Gutiérrez las palabras de Valadéz durante su recepción del honoris causa en otra institución.

Un estruendoso aplauso nació de la multitud cuando expresó, con orgullo, que el ahora condecorado era ya orgullosamente nicolaíta. Pasó entonces con su traje negro y su cabellera blanca al pódium, Medardo Serna entregó en sus manos el grado, tras lo cual, con voz fuerte y gruesa, el homenajeado saludó a los asistentes y sonrió al edificio de San Nicolás.

Diego Valadéz, con un carisma propio de un hombre de letras, citó las palabras que, hace 20 siglos, salieron de boca de Cicerón: “la gratitud no es otra cosa que la emoción que se expresa cuando se recibe un gran beneficio…”

Llevó a los asistentes por un camino histórico, y aunque es de origen sinaloense, expresó el triple significado que este grado representa para él, como lo mencionaba en aquella cita, “la historia se intercala…”. Contó, con fluida voz, su viaje al estado de Michoacán desde los cinco años, la influencia de su padre historiador, quien resguardaba en su biblioteca dos retratos de Miguel Hidalgo y Costilla; el valor de los nacidos michoacanos para la vida y el cambio en la nación que hoy llamamos México.

“Mi primer recuerdo como ente consciente es en este estado; es la escena que más viva tengo en la memoria; el verse acercar al rancho una nube de polvo que correspondía a lo que dejaban tres o cuatro vehículos y mi padre dijo ‘viene el presidente Cárdenas’. Él me saludó con un gesto fraternal en la mejilla”.

Como una pequeña catedra histórica, narró a los chicos de preparatoria detalles de la creación del estado laico mexicano, de la Universidad como precursora de la Independencia en América Latina, del papel de michoacanos en la constitución del estado laico, como el general Francisco J. Múgica, y el ya mencionado y admirado Don Miguel Hidalgo, con quien comparte el cumpleaños, detalle que lo ha acompañado con orgullo durante su vida.

“Esta tierra maravillosa fue la cuna de dos patricios que permitieron la constitución de la república mexicana (…) Estamos en una de las instituciones más antiguas del continente, en una precursora de la autonomía de la educación, sede y cuna del pensamiento liberal que se tradujo en norma y Constitución. No puede haber mayor honor ni distinción para un abogado”. Los aplausos resonaron en las paredes de cantera y él, al frente, se quedó en silencio, con una sonrisa suave en su rostro.

A dos horas de iniciada la ceremonia, el abogado cerró su discurso con una frase que hizo reír hasta al más apático de los alumnos ahí presentes, “los ingenieros hablan poco y para hablar más de lo poco hacen un esfuerzo, los abogados hablamos mucho y para hablar poco hacemos un enormísimo esfuerzo”.

La ceremonia fue concluida por el rector, un quinteto dio sonido a los momentos finales y entre risas, abrazos y fotos, los funcionarios presentes, los galardonados y algunos alumnos se divirtieron y festejaron, unos por el evento que al fin terminaba y otros a celebrar los logros. Del centro del patio trasero del Colegio Primitivo de San Nicolás, se escuchó la porra nicolaíta que dio la bienvenida y el reencuentro a dos almas que forman parte de la institución… “pis-pas, pis-pas, calis calás, calis calás, shhh ¡pummm! ¡San Nicolás!”.