No se puede. De veras que no se puede.
Un día y al otro también, los maestros vuelven a tomar los espacios públicos, con demandas cada vez más ridículas.
Un día, protestan porque les deben tal bono. Al otro, porque quieren que renuncie algún funcionario. Después, para pedir audiencia con las autoridades. O para que se les entreguen plazas directas a los egresados de las normales.
Como sea: el pretexto es lo de menos.
De lo que se trata es de medir músculo, hacerse presentes, mandarles un mensaje a las autoridades. Calarlas, como se dice.
Ya no es un colectivo magisterial sino uno estrictamente sindical y político. Lo ha sido siempre, pues de ese gremio han salido diputados, alcaldes y hasta un fallido candidato a la gubernatura.
Pero ahora lo son más. Más políticos y menos maestros.
¿Y qué es lo que está de fondo?
No la calidad educativa. No la preocupación por el nivel educativo de los niños.
Es el dinero y el poder. Siempre es eso. Quieren dinero y poder para seguir manteniendo su estilo de vida sindical.
De ahí las tomas, los bloqueos, las manifestaciones.
Pero ya no se puede. En serio que no.
Avenidas tomadas, edificios bloqueados, marchas multitudinarias, pintas en los edificios públicos, atropello a los ciudadanos.
Todo eso es lo que ocurre casi a diario en Morelia, una ciudad secuestrada.
Es verdad: existe el derecho a la libre manifestación de los gremios que protestan por alguna falla de las autoridades. Pero aquí ya no se trata de protestar por alguna desatención porque esa la han tenido en exceso. Si hay un organismo con atención, esa es la CNTE.
Además, hay que decirlo: Hace mucho que la lucha del magisterio perdió legitimidad. Se entiende que se proteste por la falta del salario, pero no para exigir demandas absurdas, como la petición de audiencia.
Por lo demás, este derecho a la libre manifestación se realiza atropellando otros derechos, el de los ciudadanos.
Pero ya el hartazgo ciudadano es ineludible.
Se expresa en esos rostros crispados, en esos automovilistas que miran con odio a los marchistas, en esos comerciantes frustrados.
Y es que, la verdad, en serio que ya no se puede.





