México 2018, en el vórtice del tiempo

Carlos González

julio, 2018

Diez reacciones inmediatas a la elección presidencial del domingo 1º de julio de 2018:

  1. Este es un país democrático. Si a alguien le quedaba duda, acaba de quedar más que demostrado. Y no sólo por sus elecciones, sino también por los procesos sociales, culturales y políticos que cada vez implica más.
  2. Aunque a algun@s amig@s mí@s les incomode leerlo, aseguro que la realidad de nuestra democracia se demuestra más por su incipiente ciudadanía y la eficacia de algunas de sus instituciones, que por el impresentable desempeño de sus entidades políticas, de representación y de gobierno.
  3. Las personas electoras salieron a votar abrumadora y definitivamente. Eso es evidente. Pero lo es no sólo por su magnitud (votó un 63% similar o casi igual al de la anterior elección presidencial del 2012) sino por su implicación: el candidato ganador lo fue por más del 50% de los votos, porcentaje que era ya casi impensable en nuestras competitivas y competitivas elecciones.
  4. Prácticamente, el triunfo presidencial de Andrés Manuel López Obrador y sus correlativos legislativos y locales no son ni el principio ni el fin de nada, aún y con la tremenda sacudida al sistema de partidos. Ya lo sabemos: en una democracia electoral no se pierde ni se gana todo, ni siempre o para siempre. Estamos solamente ante el eficaz funcionamiento de un “mísero detalle técnico”… del que, sin embargo, depende la salud de nuestra democracia (Ortega y Gasset, dixit). Ni más, pero tampoco ni menos.
  5. Más allá de lo anterior y en realidad, este triunfo presidencial y legislativo es un tema coyuntural que refleja un proceso estructural: el fin del régimen político de la transición y la oportunidad de construir un nuevo arreglo para la gobernanza y el desarrollo.
  6. La operación del régimen (incluido el funcionamiento del barroco constructo jurídico institucional al que los actores políticos han dedicado tanta simulación y trampa, así como el régimen social que implica y significa la compra y coacción del voto) ha dejado de funcionar y ya no produce legitimidad, confianza ni gobierno.
  7. Esa oportunidad de deconstrucción no depende de una persona, así sea el Presidente de la República con mayor legitimidad de la historia democrática de México y ni siquiera del movimiento y la coalición que le impulsó.
  8. Esa oportunidad depende de que la sociedad que decidió expresarse por el cambio radical, ahora se decida a hacerlo posible.
  9. Como nunca antes, ahora es claro que en una democracia votar es razón necesaria, pero no suficiente. Lo realmente suficiente es participar y, sobre todo, exigir. La democracia son procedimientos para el acceso al poder (las elecciones), pero también para el ejercicio y para el control del poder. Y eso es lo que viene o debe venir.
  10. Es indispensable construir una agenda ciudadana de incidencia efectiva desde la sociedad civil para apropiarnos del espacio público que ya ocupamos con el voto y para penetrar y gobernar desde dentro y desde fuera a las instituciones del Estado. Hay una enorme riqueza ya existente en la sociedad y sus organizaciones ciudadanas. ¡Integrémosla! Estamos ante el vórtice del tiempo mexicano, ¡transitémoslo juntxs!

PD, a manera de epílogo: pese a quien le pese, las encuestas de intención de voto (las de a de veras) demostraron que son útiles para pre-decir (aunque no para pre-ver) los resultados electorales. Es cierto los resultados de las encuestas son fotografías de un momento. Pero también es cierto que una secuencia de fotografías forma una secuencia que hace una película: una narrativa y una historia que se cuenta y se dice.


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