La esquirla que lleva tatuada….

Foto: Samuel Ponce

Morelia/Julieta Coria/Samuel Ponce

Marisela García nació en la ciudad de Morelia, tenía 24 años cuando fue víctima de los hechos ocurridos aquél 15 de Septiembre del 2008,  en medio de una serie de ataques terroristas cometidos en contra de la población civil de la ciudad, donde perdieron la vida 8 personas y resultaron heridas al menos 132 civiles.

Diez años después, no ha logrado superar el trágico momento que pasó, diez años han pasado y considera que todo sigue impune, que nada ha cambiado y que las autoridades “lo han olvidado”.

Foto: Samuel Ponce

Pero Marisela no olvida, aquella noche le cambió la vida totalmente y no solo a ella, si no a su madre y a su hija Arleth, quién ahora a sus 16 años de vida, no lo ha podido superar.

Marisela y Arleth han decido dar una entrevista para Acueducto on line desde la comodidad de su casa para hablar de lo sucedido en el 2008 “la verdad le soy sincera aún me cuesta mucho platicarlo, se viene septiembre y me acuerdo más, aún duele mucho”.

Sentada en un sofá en medio de sus dos hijas, recuerda con tristeza que la vida después del atentado es otra “yo soy empleada doméstica y me toca buscar un trabajo acordé  a como yo pueda, porque estuve trabajando en una tortillería y me tuve que salir por que la esquirla se me calienta y la mano  me duele mucho  y desgraciadamente como me dijo la señora dónde estaba “así no me sirves”.

Quizá es lo más doloroso, dice en entrevista con un semblante de tristeza, ya no puedo hacer las cosas que hacía antes, el dolor no es solo físico, si no mental, emocional.

Foto: Samuel Ponce

A Marisela dos esquirlas de explosivos les perforaron el brazo y el dedo, la del brazo le fue retirada y desde entonces ha perdido toda sensibilidad, la del dedo le fue imposible retirarla porque de lo contario dañaría su aparato circulatorio y empeoraría su condición.

“La gente piensa que se olvidan las cosas y no se olvidan y todos los compañeros se llega septiembre y caemos en depresión, todos tomamos las cosas de diferente manera pero nos deprimimos mucho”.

“Pasé muchos años de estrés, de depresiones muy profundas y eso no se puede superar”

Las secuelas la han marcado de por vida, actualmente va a terapia y le es difícil encontrar trabajo, debido al mal funcionamiento de su brazo y mano, donde le cayeron las esquirlas.

El medicamento también, además de ser muy costoso y difícil de conseguir, con el tiempo daña otros órganos y así el cúmulo de situaciones adversas crecen.

Habla sobre las historias que le ha tocado escuchar y ver de cerca, junto a las víctimas que al igual que ella, no ven que se clarifique el caso “hay historias peores es como irreparable, los que perdieron a un familiar y todos tomamos las cosas de diferente manera, yo como soy muy vulnerable me hundí en depresión, no entendía,  tenía mucha rabia, mucho coraje, ahora que si me preguntaba porqué yo porqué mi mama porqué mis hijas y desgraciadamente, no hay respuesta”.

Arleth su hija mayor, no puedo olvidar lo que vivió, aún recuerda verse ensangrentada al igual que su Abuela, recuerda con precisión aquel estrepitoso ruido que la ha marcado y ahora con cada ruido fuerte, recuerda lo que vivió aquella noche de dolor.

“Lo que recuerdo es cuando tronó yo volteé y vi como si fuera una luz y luego nos echamos a correr y luego vi a mi abuelita que le iba saliendo sangre y todo eso,  vi también a un señor sin un pie, otro sangrando y mucha gente gritando y llorando” cuenta tímidamente la joven, con la mirada perdida.

Foto: Samuel Ponce

Nada ha cambiado, desde aquella noche, las cosas siguen igual, a decir de Marisela, no hay detenidos, no sabemos quién fue ni porqué pasó, “me he preguntado muchas veces por a mí, porqué a mi mamá y es un interminable dolor.

“Con el tiempo desarrollé dolores de cabeza muy intensos, que lo asociaban con migrañas pero ya que fui tratada por el psiquiatra me dijo que había sido por tanto stress, que a la fecha lo sigo teniendo, es puro stress, no es migraña, son efectos de lo que me pasó…”


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