La botella inacabable

Imagen Héctor Tapia

Morelia / Héctor Tapia

Pito Pérez observa inamovible desde la terraza que ofrece el acceso al Teatro Universitario José Rubén Romero. Desde su ahora ya eterna sonrisa metálica observa quienes suben y bajan por la escalinata que está a un costado de la plaza de Las Rosas.
Desde ahí, con su gorro, y una canasta, ríe, señala al acceso de la escalinata; bien puede dar la bienvenida o también despedir a quienes están en las escaleras del teatro.
Por ahora hay una larga fila de estudiantes que buscan registrarse para las carreras de nuevo ingreso de la Universidad Michoacana de San Nicolás de Hidalgo (UMSNH), quienes paso a paso van avanzando para que les toque su turno.
La escultura está sentada y en el gesto de Pito Pérez se ve algo que será un eterno disfrute de una botella metálica que tampoco apunta a que se acabe; a su espalda, en la calle nigromante, las parejas están sentadas, ven pasar el día desde la calle peatonalizada.
A lado comienza el largo pasillo de Las Rosas, donde están uno tras otro los cafetines donde se juntan desde temprano estudiantes, burócratas, artistas, bohemios en general, que llegan para contar sus últimas anécdotas del día.
La escultura fue colocada hace apenas 10 días, y en parte no es necesariamente el homenaje a José Rubén Romero Flores, quien escribió el famoso libro de Pito Pérez, sino que también se asemeja a muchos que llegan a esa zona de la ciudad.
Muchos llegan poetas, se sientan, filosofan, discurren en largos discursos, ríen, beben, y disfrutan. Ahí están, cada uno con su propia y callada tragedia.
A espaldas de Pito Pérez, el metálico que está sentado, transcurre la vida, en uno de los lugares más emblemáticos del centro histórico de la ciudad.
Desde ahí, la escultura sostiene en su mano, con gesto de eterna sonrisa, una botella, como diciendo salud a todo el que pasa.


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