Crónica de una noche de dolor

Foto: Samuel Ponce

Morelia/Julieta Coria/Samuel Ponce

Era lunes 15 de Septiembre del año 2008, se festejaba en la ciudad de Morelia, la conmemoración del ‘grito de independencia’ pasaban las diez de la noche cuando Marisela García se encontraba en el centro de su ciudad, justo frente a Palacio de Gobierno en compañía de Teresa García, su Madre, una de sus hermanas y sus dos hijas; Arleth Michell de 6 años y la pequeña Sherlin de 2 años.

Era una noche fría, en el centro histórico de Morelia miles de personas habían acudido a escuchar el “¡viva México”! en la celebración patria de cada año. La multitud era inmensa la gente seguía llegando y la idea de llevar dos pequeñas a la celebración le resultaba cada vez más complicada.

Al ver que crecían los empujones a su hija, decidió partir “¿que estamos haciendo aquí? ya mejor vámonos” le comentaba Marisela a su mamá.

El festejo para ellas, había terminado se retiraron del lugar, caminaron de prisa, pasaron detrás de Catedral y subieron a la Avenida Madero para buscar un taxi.

Marisela lleva a la pequeña Sherlin en brazos, mientras Doña Teresa llevaba a Arleth de la mano.

Foto: Especial

 De pronto, un estrepitoso ruido se escuchó a lo lejos algo que en ese momento no podía describir que era exactamente – “veníamos por la Madero, cuando pasó el trueno, (porque pensamos que era un trueno) cuando se oyó el primero, pensamos nosotras, que era la pirotecnia” relata Marisela.

El sonar de una ambulancia y algunas patrullas aparecieron de pronto, pero Marisela y su familia no entendían aun lo que corría “tal vez fue la pirotecnia lo que explotó y las ambulancias habían llegado por alguna pelea y es que la mente da tanta vuelta”.

Cuando se escuchó la segunda detonación, el instinto de Marisela de inmediato fue agarrar de la mano a su hija de seis años y con la otra en brazos correr y correr en sentido contrario a donde se escuchó la detonación, en ese momento pensaba que la patrullaba había explotado, pero no fue así.

Foto: Julieta Coria

“Mi mamá me detuvo, algo había pasado,  la vi llena de sangre, un chorro de sangre salía de su cuello, parecía un hilo y mi hija bañada en sangre también”.

La desesperación era enorme, el susto era  tanto que de inmediato se detuvo a ver a la pequeña para revisarla y cerciorarse que estuviera bien, la niña no paraba de llorar y ella no podía más que pensar qué le pasaba.

“Vi como mi mamá intentaba taparse la sangre, yo pensé que eran los vidrios y que tal vez le había caído uno, pero yo seguía enfocada en atender a mi hija”.

Había pasado la segunda detonación, de pronto ya había ambulancias, patrullas y la gente no dejaba de correr, había gritos, gente por todos lados.

No supo en que momento pero unos jóvenes que andaban por la zona del templo de la Merced, al ver que la señora Teresa se desangraba de inmediato la ayudaron para llevarla a la ambulancia.

Sin embargo,  Marisela seguía sin entender que era lo que pasaba, cuando se percató que a sus hijas “gracias a Dios no les pasó nada” empezó a sentir un dolor en el brazo “pensé que me había caído un vidrio” pero no le dio importancia, había cosas más importantes ahora; no encontraba a su mamá.

“Tuve la desesperación de no hallar a mi mamá y el no saber qué era lo que estaba pasando, el ver mucha gente tirada, mucha desesperación ver que la gente gritaba pidiendo auxilio y yo con mi hija en brazos y a la otra en llanto, le quise tapar los ojos pero ella dice que si vio todo”.

Foto: Samuel Ponce

A Marisela le empezaba cada vez más a doler su brazo, cada vez lo sentía más pesado, “sentía como si me hubiera quemado el brazo” pero su búsqueda continuaba.

Pasó toda la noche buscando a su Mamá, junto a su hermana y las dos niñas pequeñas, preguntando a dónde la habían llevado, sin respuesta alguna “nos traíamos de un lugar a otro, así como pelotitas” y la desesperación y el dolor se incrementaban.

Ya en la madrugada alguien le dijo que tal vez estaría en el Hospital Civil, ya que ahí estaban llevando a todos los heridos de lo sucedido esa noche, en la que Marisela no imaginaba si quiera lo que había ocurrido.

Pero ahí en el Hospital alguien dijo; “saben qué ahorita hay un relajo ya mejor váyanse a sus casa y hablen a todos los hospitales para buscar a sus familiares porque no sabemos a dónde se los llevaron, son muchos”.

Fue así como ya de madrugada las dos mujeres con las pequeñas en brazos acudieron a casa de la Abuela materna, la madre de Teresa, desparecida hasta entonces. La abuela de Marisela le dijo la ayudaría a buscarla, pero en todos los hospitales ya había mucha seguridad, militares y policías en todos lados.

Fue hasta la mañana siguiente y con un intenso dolor de brazo que Marisela tuvo noticias de sus Madre “Sí, está en el Seguro Social” alguien avisó. De inmediato acudió hasta el nosocomio donde le dijeron que se encontraba muy grave y su condición de salud era muy delicada y cada vez se complicaba más su situación.

“Me dijeron que estaba grave que la llevaron a quirófano tres veces pero no podían hacerle nada, la sacaron, no la podían meter porque era moverle todas las arterias y era peligroso y la sacaban de quirófano para hacerle más y más estudios”.

Mientras Marisela hacía guardia en el Seguro Social, médicos salían y entraban unos decían que estaba bien, otros decían que estaba muy grave y la falta de especialistas agravaba la situación mientras Doña teresa, decían, se desangraba.

“Cuando por fin vi mi mamá estaba bien hinchadísima, estaba consiente dice que desde que  subieron a la ambulancia recordaba todo y dice que ella se mareaba pero oía que decían que estaba perdiendo mucha sangre”.

Marisela estaba tranquila de ver a su mamá, pero su brazo empeoraba sufría fuertes dolores, por lo que aconsejada por su Abuela, acudió a atenderse, ahí mismo en el Seguro Social. Pero para su desgracia no fue atendida, una doctora de manera déspota le dejó en claro que no la atendería por no tener seguro.

“Una mujer grosera y déspota no me quiso atender porque no tenía el seguro, que muchos se estaban colgando de lo sucedido para ser atendidos, que lo que me pasó pudo ser cualquier accidente”.

Ya con un panorama más claro de lo que había pasado la noche del 15 de septiembre le comentó a la mujer “yo soy de las heridas de lo que pasó anoche y siento que traigo vidrios en el brazo” le insistía a la mujer para ser atendida. “No la podemos atender” fue la última decisión.

Marisela ya había visto en las noticias lo que pasó, no lo podía creer. Tuvo que tratarse en una clínica privada, ahí se dio cuenta que no eran vidrios lo que tenía en su brazo, si no esquirlas de material explosivo, que cayeron en su brazo y en su dedo. “Tuvieron que quitarme la del brazo, ya estaba dañando las venas, me la quitaron y perdí con el tiempo la sensibilidad, la esquirla del dedo no me la pudieron quitar por que podría córtame la circulación”.

Pasaron ocho años de lo ocurrido, el dolor era recurrente, no había apoyos, Marisela se sentía sola  abandonada y deprimida, sobre todo cada año con la celebración del 15 de Septiembre.

En ese tiempo tomó varias terapias para superar lo ocurrido, pero no era fácil, recibió ayuda con un psiquiatra. Había perdido sensibilidad en su brazo, el costo de la medicina era incosteable “yo gastaba entre 1500 y 1800 pesos al mes, era muy caro el medicamento, tratamiento psiquiátrico y medicamento para el dolor para desinflamar y para todo eso”.

Con la llegada del gobernador Silvano Aureoles Conejo, su suerte cambió un poco, “me empezaron a dar medicamento y ayuda psicológica, además que me di cuenta que no era la única y conocí a más víctimas como yo. La Comisionada Cristina Cortés, nos ha apoyado mucho y está trabajando para ver si soy candidata para una pensión”.

“Y ahora decimos muy cierto con mi mamá, “cuando te toca ni aunque te quites…”


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